jueves, 7 de mayo de 2009

Almas Simples


Aquello de ser un hombre hecho y derecho ha quedado en el pasado, ahora nos conviene ser más bien un niño deshecho y torcido, cual hace tiempo lo fuimos y del que ya solo nos queda un rastro, enmohecido, ciertamente, por los achaques propios de la madurez.

Y no es que el crecer sea tan malo... bueno siendo sinceros tal vez sí lo sea, siendo más claros, lo malo es ser un humano y por ello ser niño se hace más atrayente: es un humano en la medida más baja, es el humano menos humano de todos. Involución es lo que necesitamos, volvernos niños de nuevo. A lo que me refiero no es al hecho de jugar como único objetivo en la vida, o sortear los problemas mediatos e inmediatos del mundo cual si no existieran, o hacer avioncitos de papel con las injusticias de la sociedad y mandarlas a volar a algún lado, a cualquier lado; no, no es a ello a lo que me refiero con que quisiera ser niño de nuevo, es al placer de disfrutar de una vida efímera y sencilla sin temer a la muerte o al tiempo o a uno mismo, al mirar a alguien a los ojos, a los labios y a sus piernas sin pensar en futuro ni en tormentas, a ser capaz de ser triste sin ser desafortunado, a ser sincero sin maquillar sonrisas o enfados, a hallar felicidad en olvidar y ser olvidado... a planificar asaltos de ternura sin vergüenza a ser marginado... a ser una miserable fracción de ADN en este charco de humanos.

En realidad soy adicto a las almas simples, sin ser yo mismo una de ellas. Y es que generan tanto decaimiento las complicaciones de los humanos modernos, sus pendejadas tan absurdas, sus inaguantables vicios, sus manías tan oscuras y descalibradas... en verdad ser simple es una rareza tan bella, atractiva, sublime, etérea, inefable, quimérica y cuanto calificativo extraño y bonito haya.

Trasteo mi mente a la tierra altamente frecuentada de la poca o nula creatividad y se acaban las letras.
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